Libros Proféticos

Castigo de la rebelión de Judá

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Proféticos > Jeremías > Castigo de la rebelión de Judá (24:7:21 - 24:8:17)

Así ha dicho Jehovah de los Ejércitos, Dios de Israel: “Añadid vuestros holocaustos a vuestros sacrificios y comed carne.

Porque el día en que los saqué de la tierra de Egipto, no hablé con vuestros padres ni les mandé acerca de holocaustos y sacrificios.

Más bien, les mandé esto diciendo: Escuchad mi voz; y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo. Andad en todo camino que os he mandado, para que os vaya bien.

Pero no escucharon ni inclinaron su oído, sino que caminaron en la dureza de su malvado corazón, según sus propios planes. Caminaron hacia atrás y no hacia adelante.

Desde el día en que vuestros padres salieron de la tierra de Egipto hasta este día, os envié todos mis siervos los profetas, persistentemente, día tras día.

Pero no me escucharon ni inclinaron su oído; más bien, endurecieron su cerviz y actuaron peor que sus padres.

“Tú, pues, les dirás todas estas palabras, pero no te escucharán; los llamarás, pero no te responderán.

Por tanto, les dirás: Esta es la nación que no escuchó la voz de Jehovah su Dios ni aceptó la corrección. La fidelidad se ha perdido; ha sido eliminada de sus bocas.

“Corta tu cabellera y arrójala. Prorrumpe en lamento sobre los cerros, pues Jehovah ha rechazado y ha abandonado a la generación, objeto de su ira.

Porque los hijos de Judá han hecho lo malo ante mis ojos, dice Jehovah. Han puesto sus ídolos abominables en el templo que es llamado por mi nombre, contaminándolo.

Han edificado los lugares altos del Tófet, que están en el valle de Ben-hinom, para quemar en el fuego a sus hijos y a sus hijas, cosa que no les mandé, ni me vino a la mente.

Por tanto, dice Jehovah, he aquí vendrán días en que no se dirá más Tófet, ni valle de Ben-hinom, sino valle de la Matanza. En el Tófet serán sepultados por no haber más lugar.

Los cadáveres de este pueblo servirán de comida a las aves del cielo y a los animales de la tierra, y no habrá quien los espante.

Haré cesar en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del novio y la voz de la novia; porque la tierra será arruinada.”

Jehovah dice: “En aquel tiempo sacarán fuera de los sepulcros los huesos de los reyes de Judá, los huesos de sus magistrados, los huesos de los sacerdotes, los huesos de los profetas y los huesos de los habitantes de Jerusalén.

Los extenderán ante el sol, ante la luna y ante todo el ejército del cielo, a quienes amaron y rindieron culto, a quienes siguieron y consultaron, y ante quienes se postraron. No serán recogidos ni sepultados; quedarán como abono sobre la superficie de la tierra.

Preferible será la muerte que la vida para el resto de los sobrevivientes de esta perversa familia, en todos los lugares a donde yo los arroje, dice Jehovah de los Ejércitos.

“Asimismo, les dirás que así ha dicho Jehovah: ¿No se levantan los que se caen? ¿No vuelve el que es tomado cautivo?

¿Por qué apostata este pueblo, oh Jerusalén, con perenne apostasía? Se aferran al engaño; rehúsan volver.

“Oí atentamente y escuché; no hablan con rectitud. No hay hombre que se arrepienta de su maldad y que diga: ¿Qué he hecho? Cada cual se ha vuelto a su carrera, como caballo que arremete en la batalla.

“Hasta la cigüeña en el cielo conoce sus tiempos determinados; la tórtola, la golondrina y la grulla guardan el tiempo de sus migraciones. Pero mi pueblo no conoce el juicio de Jehovah.

¿Cómo diréis: Nosotros somos sabios, y la ley de Jehovah está con nosotros? Ciertamente he aquí que la pluma engañosa de los escribas la ha convertido en engaño.

Los sabios son avergonzados, se llenan de terror y son tomados prisioneros. He aquí que han rechazado la palabra de Jehovah, ¿y qué clase de sabiduría les queda?

Por tanto, daré a otros sus mujeres, y sus campos a los conquistadores; porque desde el menor hasta el mayor, cada uno persigue las ganancias deshonestas. Desde el profeta hasta el sacerdote, todos obran con engaño

y curan con superficialidad el quebranto de la hija de mi pueblo, diciendo: Paz, paz. ¡Pero no hay paz!

“¿Acaso se han avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente no se han avergonzado, ni han sabido humillarse! Por tanto, caerán entre los que caigan; en el tiempo de su castigo tropezarán, ha dicho Jehovah.

¡De cierto acabaré con ellos!, dice Jehovah. No quedarán uvas en la vid, ni higos en la higuera. Hasta las hojas se marchitarán, y lo que les he dado pasará de ellos.”

¿Por qué nos quedamos sentados? Reuníos, y entremos en las ciudades fortificadas y perezcamos allí, porque Jehovah nuestro Dios nos ha hecho perecer. Nos ha hecho beber aguas envenenadas, porque hemos pecado contra Jehovah.

Esperamos paz, y no hay tal bien; tiempo de sanidad, y he aquí, terror.

Desde Dan se ha oído el relincho de sus caballos. Toda la tierra tiembla a causa del relincho de sus corceles. Vienen y devoran la tierra y su plenitud, la ciudad y sus habitantes.

“He aquí que yo envío sobre vosotros serpientes, víboras contra las cuales no habrá encantamiento que valga. Y ellas os morderán,” dice Jehovah.

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Lamento sobre Judá y Jerusalén

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Proféticos > Jeremías > Lamento sobre Judá y Jerusalén (24:8:18 - 24:9:11)

El dolor se sobrepone a mí sin remedio; mi corazón está enfermo.

¡He aquí, la voz del grito de la hija de mi pueblo que viene de lejana tierra! ¿Acaso no está Jehovah en Sion? ¿Acaso no está en ella su Rey? ¿Por qué me han provocado a ira con sus imágenes talladas, con las vanidades del extranjero?

Ha pasado la siega, se ha acabado el verano, ¡y nosotros no hemos sido salvos!

Quebrantado estoy por el quebranto de la hija de mi pueblo. Estoy enlutado; el horror se ha apoderado de mí.

¿Acaso no hay bálsamo en Galaad? ¿Acaso no hay allí médico? ¿Por qué, pues, no hay sanidad para la hija de mi pueblo?

¡Quién me diera que mi cabeza fuese agua y mis ojos manantial de lágrimas, para que llorara día y noche por los muertos de la hija de mi pueblo!

¡Quién me diera una posada de caminantes en medio del desierto, para abandonar a mi pueblo e irme de ellos! Porque todos ellos son unos adúlteros, una asamblea de traidores.

Dispusieron su lengua como arco; se hicieron fuertes en la tierra para el engaño, no para la fidelidad. “Procedieron de mal en mal y no me han conocido, dice Jehovah.

¡Cuídese cada uno de su prójimo! En ningún hermano tenga confianza; porque todo hermano suplanta, y todo prójimo anda calumniando.

Cada uno engaña a su prójimo, y no hablan verdad; enseñan su lengua para hablar mentira. Se han pervertido hasta el cansancio.

Su morada está en medio del engaño. Y a causa del engaño rehúsan conocerme,” dice Jehovah.

Por tanto, así ha dicho Jehovah de los Ejércitos: “He aquí que yo los fundiré y los probaré. Pues, ¿de qué otro modo he de proceder con la hija de mi pueblo?

Flecha asesina es la lengua de ellos; hablan engaño. Con su boca habla de paz a su prójimo, pero dentro de sí pone emboscada.

¿No habré de castigarles por esto?, dice Jehovah. ¿No tomará venganza mi alma de una nación como ésta?”

Prorrumpiré en llanto y lamento por los montes, en canto fúnebre por los pastizales del desierto. Porque han sido devastados hasta no quedar quien pase, ni se escucha el mugido del ganado. Desde las aves del cielo hasta el ganado huirán y se irán.

“Yo convertiré a Jerusalén en montones de piedras y en guarida de chacales. Convertiré las ciudades de Judá en una desolación, sin habitantes.”

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Amenaza de ruina y exilio

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Proféticos > Jeremías > Amenaza de ruina y exilio (24:9:12 - 24:9:22)

¿Quién es el hombre sabio que entienda esto? ¿A quién ha hablado la boca de Jehovah, de manera que lo pueda declarar? ¿Por qué ha perecido la tierra y ha sido devastada cual desierto, de modo que nadie pase por ella?

Y Jehovah dijo: “Porque dejaron mi ley, la cual puse delante de ellos. No obedecieron mi voz, ni caminaron conforme a ella.

Más bien, fueron tras la porfía de sus corazones y tras los Baales, como sus padres les enseñaron.

Por tanto, así ha dicho Jehovah de los Ejércitos, Dios de Israel, he aquí que haré comer ajenjo a este pueblo; les haré beber aguas envenenadas.

Los esparciré entre naciones que ni ellos ni sus padres conocieron. Y enviaré tras ellos la espada, hasta que yo los extermine.

Así ha dicho Jehovah de los Ejércitos: Considerad y llamad a las plañideras, y que vengan; enviad a llamar a las más expertas, y que vengan.”

¡Apresúrense y prorrumpan en lamento por nosotros! Derramen lágrimas nuestros ojos; fluya agua de nuestros párpados.

Porque en Sion se oye la voz de un lamento: ¡Cómo hemos sido destruidos! En gran manera hemos sido avergonzados; porque hemos abandonado la tierra, porque han derribado nuestras moradas.

Escuchad, oh mujeres, la palabra de Jehovah; reciba vuestro oído la palabra de su boca. Enseñad lamentos a vuestras hijas; cantos fúnebres, cada una a su compañera.

Porque la muerte ha subido por nuestras ventanas y ha entrado en nuestros palacios, para barrer a los niños de las calles y a los jóvenes de las plazas.

Diles que así dice Jehovah: “Los cuerpos de los hombres muertos caerán como abono sobre la superficie del campo. Como manojos caerán detrás del segador, y no habrá quien los recoja.”

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El conocimiento de Dios es la gloria del hombre

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Proféticos > Jeremías > El conocimiento de Dios es la gloria del hombre (24:9:23 - 24:9:26)

Así ha dicho Jehovah: “No se alabe el sabio en su sabiduría, ni se alabe el valiente en su valentía, ni se alabe el rico en sus riquezas.

Más bien, alábese en esto el que se alabe: en entenderme y conocerme que yo soy Jehovah, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra. Porque estas cosas me agradan, dice Jehovah.

“He aquí, vienen días, dice Jehovah, en que traeré el castigo sobre todo circuncidado y sobre todo incircunciso:

sobre Egipto, Judá, Edom, los hijos de Amón y Moab, y sobre todos los que se rapan las sienes y habitan en el desierto. Porque todas estas naciones son incircuncisas, y toda la casa de Israel es incircuncisa de corazón.”

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Los falsos dioses y el Dios verdadero

Biblia cristiana > Antiguo Testamento > Libros Proféticos > Jeremías > Los falsos dioses y el Dios verdadero (24:10:1 - 24:10:16)

Oíd la palabra que ha hablado Jehovah acerca de vosotros, oh casa de Israel.

Así ha dicho Jehovah: “No aprendáis el camino de las naciones, ni tengáis temor de las señales del cielo, aunque las naciones las teman.

Porque las costumbres de los pueblos son vanidad: Cortan un árbol del bosque, y las manos del escultor lo labran con la azuela.

Lo adornan con plata y oro; lo afirman con clavos y martillo para que no se tambalee.

Son como un espantapájaros en un huerto de pepinos. No hablan; son llevados, porque no pueden dar un paso. No tengáis temor de ellos, porque no pueden hacer daño ni tampoco tienen poder para hacer bien.”

¡No hay nadie semejante a ti, oh Jehovah! Tú eres grande; grande es tu nombre en poder.

¡Quién no te temerá, oh Rey de las naciones! Porque a ti se te debe temer. Entre todos los sabios de las naciones y en todos sus reinos, no hay nadie semejante a ti.

Son torpes e insensatos a la vez. El mismo ídolo de madera es una lección de vanidades:

Traen plata laminada de Tarsis y oro de Ufaz, los cuales son trabajados por el platero y por las manos del fundidor. Sus vestiduras son de material azul y de púrpura; todas son obra de expertos.

Pero Jehovah es el verdadero Dios; él es el Dios vivo y el Rey eterno. Ante su enojo tiembla la tierra; las naciones no pueden resistir su furor.

Así les diréis: “Los dioses que no hicieron los cielos ni la tierra desaparecerán de la tierra y de debajo de estos cielos.

El hizo la tierra con su poder; estableció el mundo con su sabiduría y extendió los cielos con su inteligencia.

Cuando él emite su voz, se produce un tumulto de aguas en los cielos. El hace subir la neblina desde los extremos de la tierra. Hace los relámpagos para la lluvia y saca el viento de sus depósitos.”

Todo hombre se embrutece por falta de conocimiento. Todo platero es avergonzado a causa de su ídolo. Porque sus ídolos de fundición son un engaño, y no hay espíritu en ellos.

Son vanidad, obra ridícula; en el tiempo de su castigo perecerán.

No es como ellos la Porción de Jacob; porque él es el Hacedor de todo, e Israel es la tribu de su heredad. ¡Jehovah de los Ejércitos es su nombre!

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